Leo. Amigo, hermano, de algún modo loco soulmate, compinche.
Leo. También complicado, ciclotímico.
La convivencia a veces se pone heavy metal. Y a veces sigue siendo un paraíso.
De ayer, de una situación cotidiana me queda el recuerdo en la retina y el coraxón.
Durante la lluvia más torrencial del verano, los dos en la cocina, cada uno en la suya, yo dibujando, él con la compu, tomando camparis, cantando a los gritos los hits que pasaban en la radio, quilombohits, temas desde
Lucy in the Sky, hasta
El rock del pedazo, pasando por Chiche Peralta (o Chichi, no sé como es).
Cada tanto mechando algún chusmerío, alguna noticia de actualidad, algún chiste, etc.
La convivencia es todo un tema. Con el Leo que comparto casa a veces nos queremos cagar a trompadas, aunque no lo digamos, se siente la carga poderosa en el ambiente. Muy pocas veces ni nos llevamos (en vez de mandarnos a la re mierda, ni nos hablamos, hasta que pase). Pero a mi amigo lo amo mucho. Y nos bancamos a muerte, mal! Y siempre siempre tuvimos muy presente ante todo, pase lo que pase, que somos
familia.

(cada tanto pintan las cursilerías, todos tenemos nuestro lado QuincyLo)